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  Espectáculos  Jueves 11 de junio de 2020 - 12:30 hs.                3303
  Espectáculos   11.06.2020 - 12:30   
El bragadense Hector Larrea se retiró definitivamente de la radio durante la cuarentena
Una edad avanzada, la presencia de su compañera en un geriátrico y una cuarentena que lo forzó a transmitir mediante el teléfono, se combinaron para la decisión

El bragadense Hector Larrea se retiró definitivamente de la radio durante la cuarentena

Una edad avanzada, la presencia de su compañera en un geriátrico y una cuarentena que lo forzó a transmitir mediante el teléfono, se combinaron para que el gran realizador de Rapidísimo Hector Larrea afirmara hasta aquí, llegué.

El bragadense Larrea cambió la radio en la Argentina afirma una publicación de la revista RADIOGRÁFICA. La dinamizó hasta alcanzar un ritmo febril que aún hoy ni los más acelerados relatores deportivos logran igualar. Mostró que era posible sostener ese andar sin apresurarse y sin resignar hondura. Supo inyectar su vorágine en un medio adormecido y al mismo tiempo retemplar el espíritu con la pausa de la tangueada, los editoriales de Rapi y el humor de Landriscina y Pueyrredón Arenales. Todo envuelto por una matriz cultural que hilvanaba con el aroma popular.

(Otros dos profesionales de realce hicieron lo suyo para esta renovación que explotó entre los años 60 y 70: Cacho Fontana y Ariel Delgado. Los tres delinearon un nuevo gusto, especialmente entre los porteños, para acercarse al dial. El vértigo no podía prescindir de una dicción atildada; la versatilidad no podía carecer de certeza; el clímax no debía borronear el sentido de cada palabra lanzada al aire).

Esas claves contribuyeron al éxito; pero también, la intransferible personalidad de los citados y muy especialmente de Héctor Larrea. Arrancó bien, pues desde su Bragado natal, muy pibe, pidió consejo a quien ya era una figura singular: Antonio Carrizo. Le escribió una carta y el periodista de General Villegas respondió: “La radio no es para cualquiera”. Y añadió “Hay que tener vasta cultura, señor. Secundario completo, buena voz y mucha lectura”.

Larrea lo tomó en cuenta. Empezó a formarse tras el micrófono, pero también con extensas lecturas en su hogar del interior bonaerense. Debutó en los escenarios de su pueblo y al concluir la escuela secundaria rumbeó hacia esta Capital para adentrarse en el ISER. Corría el año 1962. Titulo en mano, consiguió empleo en Radio Argentina. Luego, se convirtió en presentador del show de Sandro –que convocaba multitudes- y de su pasión musical: las orquestas de tango.

Pero en 1967 cambió el ritmo de ataque, como un gran jugador. Ese año nació Rapidísimo, quizás el programa más importante de la historia radial argentina. Al comienzo, duraba media hora. El impacto fue formidable y se resolvió extenderlo. Perduró unas cuatro décadas, con distintos colaboradores y el inocultable estilo de su conductor. Bien identificado con el público, tras un tiempo de andar ideó un factor que originó una revolución dentro de la revolución: los llamados de los oyentes.

Hasta entonces, la distancia entre locutores, periodistas y escuchas era insalvable. El medio emitía, el receptor absorbía con pasividad. A miles de personas ni se les ocurría que su voz –sus ideas, sus sentimientos, sus experiencias- podían aparecer a través del mismo aparato transmisor que difundía la producción de un medio realizado por especialistas. Larrea, confiado en que su público no lo haría quedar mal  –“ siempre pensé en oyentes despiertos, inteligentes”-, se tiró a la pileta y abrió el micrófono. La gente captó la iniciativa y al poco tiempo los teléfonos de la emisora no alcanzaban a contener el ansia expresiva de un pueblo.

(También se animó a la televisión. Tuvo un gran suceso con Seis para triunfar; en el año 1986 logró enorme audiencia y el espacio permaneció siete años en pantalla. Pero la radio siempre fue su prioridad. Hace pocas semanas, al ser indagado al respecto, dijo con sinceridad: “Para mí el programa era una porquería. No me gustaba pero hacia buen rating y de 5 puntos lo llevamos a 17″).

Humilde en su grandeza, se preocupó por el lucimiento de entrevistados y columnistas más que por el propio. Fue caracterizado como “siempre activo, encantador y brillante”. Cada día, el arribo a la radio que lo contenía –su clásico lugar estuvo en Rivadavia, aunque recorrió varias empresas- permitía verlo de traje; en tantas ocasiones con el sombrero Panamá que había pertenecido a su padre y cuidaba con esmero. A su vera, siempre, las inolvidables Rina Morán y María Esther Vignola 

Finalmente, retomamos aquello del aroma popular. La transgresión que sacudió los oídos no sólo se asentó en la dinámica. ¿Cómo?. La recuperación de una historia creativa potente y enraizada desborda las modas. A lo largo de estos años Larrea ha carburado una explicación: “El comienzo fue vertiginoso. Al mes ya se comentaba en todos lados. Al principio duraba media hora, de 9 a 9.30. Fue un momento en que sólo había música ´nueva ola´ y se dio la reaparición y la revalorización de géneros absorbidos con fruición y abandonados de golpe como el tango, el folklore, el buen internacional y algo de jazz”.

Y ha explicado que “Rapídisimo, para mí, sigue siendo una gran incógnita. Yo quería dar humor y música. Estuve 30 años en Rivadavia hasta que se rompió el matrimonio y vine a Nacional. Fue como una relación de pareja y yo me quería dar todos los gustos: quería a Luis Landriscina y lo tenía. Y así. No me interesaba acumular dinero sino hacer un programa lindo”. En eso, se equivocó. El aire de su creación no fue “lindo”; llegó a convertirse en una experiencia extraordinaria.

Ahí anda Hector Larrea. Dentro de su casa, revisando historias y preocupado por el presente de sus afectos. Está levantando el brazo. A la distancia, el operador comprende: el programa va terminando.


 




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